La mortalidad infantil hace referencia a las muertes de niños y niñas antes de cumplir un año de edad. La tasa de mortalidad infantil expresa cuántos menores de un año fallecen por cada 1.000 nacidos vivos durante un periodo determinado. En 2024, la tasa mundial se situó en 27,7 muertes por cada 1.000 nacidos vivos, frente a 64 en 1990.
La mortalidad infantil está estrechamente relacionada con factores como la calidad de la atención durante el embarazo y el parto, la prematuridad, las enfermedades infecciosas, la desnutrición y el acceso a servicios sanitarios, agua potable y saneamiento. Aunque se han logrado importantes avances durante las últimas décadas, millones de niños y niñas siguen muriendo por causas que en muchos casos pueden prevenirse o tratarse.
En 2024 se produjeron aproximadamente 3,6 millones de muertes de niños y niñas menores de un año en el mundo. La tasa mundial de mortalidad infantil fue de 27,7 muertes por cada 1.000 nacidos vivos, frente a 64 por cada 1.000 en 1990. Fuente: Grupo Interinstitucional de las Naciones Unidas para la Estimación de la Mortalidad Infantil (UN IGME), 2026.
En 2024 murieron unos 4,9 millones de niños y niñas antes de cumplir cinco años, lo que equivale aproximadamente a una muerte cada seis segundos. De ellos, 2,3 millones fallecieron durante los primeros 28 días de vida. Fuente: OMS, 2026.
Las principales causas de muerte entre menores de cinco años son las complicaciones relacionadas con el nacimiento prematuro y el parto, la neumonía, la diarrea y la malaria. Muchas de estas muertes pueden prevenirse o tratarse mediante intervenciones conocidas y atención sanitaria de calidad. Fuente: OMS, 2026.
Las desigualdades territoriales siguen siendo enormes. En África subsahariana, la tasa de mortalidad de menores de cinco años alcanzó las 71,6 muertes por cada 1.000 nacidos vivos en 2024, casi 14 veces la registrada en Europa y Norteamérica. Fuente: OMS, 2026.
La desnutrición también incrementa el riesgo. Por primera vez, las estimaciones mundiales de 2026 calculan que más de 100.000 niños y niñas de entre 1 y 59 meses murieron directamente por desnutrición aguda grave en 2024. Fuente: UNICEF y UN IGME, 2026.
Cada año, en el mundo, siguen muriendo casi 5 millones de niños y niñas antes de llegar a su quinto cumpleaños por causas que podrían evitarse como la falta de agua potable, la mala alimentación o enfermedades que tienen cura o incluso vacuna.
Lo cierto es que, a nivel mundial, se ha mejorado mucho en este sentido, tanto es así que desde el año 2000 la mortalidad infantil ha bajado un 51%, y en 2022 alcanzó un mínimo histórico, lo que demuestra que es posible la mejora cuando se asignan los recursos suficientes a la atención primaria y la salud y bienestar infantil.
La mayor parte de estas muertes se producen en países en desarrollo: un niño de Etiopía tiene 30 veces más probabilidades de morir al cumplir cinco años que un niño de Europa occidental. En Asia meridional y central se producen las mayores cifras de muertes neonatales, mientras que en África subsahariana se registran las tasas más elevadas. Dos terceras partes de las muertes infantiles ocurren en solamente 10 países.
La tasa de mortalidad infantil es el número de muertes de niños menores de un año por cada mil nacimientos vivos de un año determinado. Es un indicador clave para medir la salud y el bienestar de una población, ya que refleja las condiciones generales de atención médica, nutrición, y acceso a servicios de salud, así como factores socioeconómicos y ambientales.
Una tasa alta de mortalidad infantil indica problemas en estos aspectos y señala la necesidad de mejorar las condiciones para la infancia. A nivel global, reducir la mortalidad infantil es una de las principales metas de desarrollo sostenible establecidas por las Naciones Unidas.
La tasa de mortalidad infantil se calcula dividiendo las muertes de menores de un año entre el número de nacidos vivos. El resultado se multiplica por 1.000 para expresar la tasa por cada mil nacidos vivos.
Este indicador permite conocer la mortalidad infantil de una población.
Reducir las muertes de niños y niñas es posible siempre que se ataquen los problemas principales que las están provocando, como, por ejemplo:
La prematuridad y las complicaciones durante el parto son algunas de las principales causas de mortalidad infantil. Los bebés que nacen antes de tiempo pueden presentar problemas de salud que requieren atención médica especializada. Además, la falta de atención adecuada durante el embarazo y el parto aumenta el riesgo de complicaciones para la madre y el bebé.
Las enfermedades infecciosas como la neumonía, la diarrea y el sarampión siguen siendo causas principales de la mortalidad infantil. A pesar de que existen vacunas eficaces para prevenir muchas de estas enfermedades, la falta de acceso a programas de inmunización, sobre todo en áreas rurales o empobrecidas, contribuye a que muchos niños no estén protegidos.
La malnutrición, ya sea por deficiencias en nutrientes esenciales o por una ingesta insuficiente de alimentos, debilita el sistema inmunológico de los niños y los hace más susceptibles a enfermedades graves. La desnutrición es un factor clave que contribuye a la mortalidad infantil, ya que no solo afecta el crecimiento, sino también el desarrollo cerebral y físico.
Si no pueden acceder a agua potable limpia y a condiciones adecuadas de saneamiento, los niños y niñas contraen enfermedades gastrointestinales y parasitarias, como la diarrea, que es una de las principales causas de muerte entre los niños menores de cinco años. La falta de infraestructura básica aumenta el riesgo de contaminación y propagación de infecciones.
Son varias las medidas que hay que llevar a cabo para conseguir reducir al máximo las muertes prematuras de los más pequeños por causas evitables, y todas tienen que ver con mejorar los sistemas de salud y educación. A continuación, te mostramos las 10 más urgentes que, si se aplican de manera integral, pueden reducir significativamente la mortalidad infantil y mejorar la calidad de vida de los niños y niñas en situación de pobreza:
1. Campañas de vacunación universal para enfermedades prevenibles como el sarampión, la poliomielitis y la neumonía.
2. Formación del personal sanitario.
3. Ampliación de clínicas y hospitales con equipos especializados en atención materno-infantil.
4. Formación de parteras y profesionales de la salud en cuidados neonatales y partos seguros para detectar y tratar complicaciones a tiempo.
5. Uso de tecnologías móviles y telemedicina para ofrecer consultas en zonas alejadas.
6. Educación para madres y familias en salud infantil como formación en lactancia materna, higiene y cuidados básicos del recién nacido.
7. Nutrición y alimentación infantil en comunidades vulnerables: distribuir alimentos fortificados y suplementos nutricionales para madres embarazadas y lactantes.
8. Promover la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida.
9. Implementación de huertos comunitarios y programas de educación nutricional
10. Acceso a agua potable y saneamiento adecuado para prevenir enfermedades gastrointestinales.
La reducción de la mortalidad infantil es un desafío global que requiere la colaboración de gobiernos, organizaciones, comunidades y ciudadanos. Pequeñas acciones pueden generar un gran impacto. La participación de todos es clave para garantizar que más niños y niñas tengan la oportunidad de crecer sanos y seguros.
Las principales causas de muerte infantil varían según la edad. Entre los recién nacidos destacan las complicaciones derivadas del nacimiento prematuro, las complicaciones durante el parto y las infecciones. En niños y niñas menores de cinco años también tienen un peso importante enfermedades como la neumonía, la diarrea y la malaria, especialmente en países con menos recursos y dificultades para acceder a servicios sanitarios.
La mortalidad infantil hace referencia al número de niños y niñas que mueren durante un periodo determinado, mientras que la morbilidad infantil se refiere a las enfermedades y problemas de salud que afectan a la infancia. Por tanto, la mortalidad mide las muertes y la morbilidad mide la frecuencia con la que aparecen enfermedades o problemas de salud.
La mortalidad infantil está relacionada con muchos factores. Entre ellos destacan el acceso a servicios sanitarios, la atención durante el embarazo y el parto, la vacunación, la nutrición, el acceso a agua potable y saneamiento y las condiciones de vida de las familias. La pobreza, los conflictos armados y las emergencias también pueden aumentar el riesgo de muerte infantil al dificultar el acceso a estos servicios básicos.
Según las estimaciones más recientes de Naciones Unidas, alrededor de 13.000 niños y niñas menores de cinco años mueren cada día en el mundo. Aunque la mortalidad infantil se ha reducido de forma importante en las últimas décadas, muchas de estas muertes siguen estando relacionadas con causas prevenibles o tratables. Esto demuestra la importancia de garantizar el acceso de todos los niños y niñas a atención sanitaria, alimentación adecuada, agua potable y condiciones de vida dignas.
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